El Katiuska BK-093

Este 16 de diciembre del 2018, se cumplirán 80 años de la última acción importante de bombardeo de la aviación Republicana sobre el aeródromo de la Cenia (la Senia) base de la Legión Cóndor, el  Katiuska BK-093 voló aquel día, pilotado por el capitán Francisco Gómez , con el teniente Rafael Ballester de Observador y el teniente Victoriano Sánchez de ametrallador de cola, fue su ultimo vuelo, murió el piloto y el ametrallador, el observador Rafael Ballester, se salvó milagrosamente saltando en paracaídas, este mes publicaremos varios artículos relacionados con este echo y nuestro avión. Como inicio, vivamos ese día de la mano del propio Rafael, con el relato hecho por él mismo:

Observadores de la 4ª Escuadrilla de Bombardeo del Grupo 24, entre ellos Rafael Ballester Linares.

“El 15 de diciembre de 1.938 Mendiola que estaba en Bañolas (Gerona) invita a cenar a Gómez y Mata. Le pregunto a Gómez si Mendiola ha dicho fuese yo  y me dice que no que fuese él y el oficial E.M., pero que si quiero ir que vaya, no hay inconveniente, yo le contesto que no voy pues cuando Mendiola invita así a cenar es algo “gordo” hay que hacer y que prefiero enterarme al día siguiente.

Esa noche fui al baile con la chica que salía con Gómez que era más guapa que la que salía yo, para eso él era capitán y yo teniente. Al amanecer oigo que Gómez se levanta y no me llama, dormíamos en la misma habitación, como normalmente se procuraba con las tripulaciones. Le digo: “¿Cómo no me has llamado? y me contesta: “Voy a ir a Medina para conseguir ganarte en horas”.

Capitán Francisco Gómez Fernández, piloto del Tupolev SB2 “Katiuska” BK-093

– Bueno, le dije, iré al campo a veros despegar y fui levantándome, lavándome y desayunando sin prisas. Cuando ya han salido todas las tripulaciones hacia el campo en autocar, me dice Gómez: “Hoy hay un servicio difícil, vamos a bombardear la base de la Legión Condor en la Cenia y he pensado que si no te importa que otro día iré con Medina, hoy vamos juntos”.

Salimos rápidos en el coche ligero los dos, llegamos al campo y allí al pié del avión estaba Medina con el paracaídas puesto, el paracaídas era el mío que estaba en el avión, al decirle Gómez que voy a ir yo se quitó el paracaídas me dio los cálculos de rumbos hacia el objetivo, yo no había tenido tiempo de hacerlo y antes de subir al avión al mecánico le dije me prestasen cien pesetas, pues no tenía dinero.

Me dice el mecánico para qué quieres los veinte duros ahí arriba, yo le contesté que hoy no volvemos al campo nos quedamos antes de llegar y puedo necesitarlos, también los zapatos pónmelos debajo de mi asiento, normalmente los dejamos en el campo pues en vuelo entonces llevábamos unas botas, especie de calcetines creo que de lana o seda con resistencias eléctricas para calefacción, así como guantes de seda también con calefacción eléctrica y botella de oxigeno para respirar en altura.

De Bañolas salía Mendiola con su avión, de mi escuadrilla no recuerdo si éramos tres o cuatro aviones y de Celrá la 4ª Escuadrilla de Mata salieron otros.

Teniente Rafael Ballester Linares, observador del BK-093

Si recuerdo la formación de avione. Primero una patrulla, en la cual creo iba Mendiola, después otra patrulla con Gómez, Ballester y Sánchez Catalán en el avión de cabeza de patrulla y detrás cinco aviones más total once katiuskas. No llevábamos protección de caza.

Nos dirigimos hacia el mar para entrar en la costa a la altura de Vinaroz desde el mar a unos 6.500 metros de altura para descender en dirección la Cenia a efectuar el bombardeo. Estamos enfilando el aeródromo de la Cenia cuando empieza un intenso fuego artillero con los 88 mm. alemanes veo delante de mí unas explosiones e instantáneamente digo para mí la siguiente descarga nos da.

Teniente Victoriano Sánchez Catalán, ametrallador del BK-093

Por el visor utilizado para el bombardeo veo en tierra los disparos de las baterías antiaéreas y al instante un trozo de metralla entra por el lado izquierdo superior de mi carlinga para salir por delante y el avión cae en la vertical, llamo por los intercomunicadores a piloto y ametrallador, hago señales con las luces, nadie me contesta, el avión sigue en picado a la vertical, lanzo las bombas cierro la botella de oxigeno, abro la compuerta de salida y lanzo el visor de bombardeo, todas estas operaciones al tiempo que llamaba o hacia señales con las luces al piloto y ametrallador.

Escuadrilla de “Katiuskas” en vuelo. Cuadro expuesto en el Centro de Aviación Histórica de la Senia.

Al no obtener respuesta me lanzo en paracaídas, no podía salir de cabeza, la velocidad del picado y la inercia me lo impiden, deslizo las piernas hacia la compuerta de salida, me arrastra el torbellino del viento y me doy un golpe en la cabeza entre ceja y ceja, pierdo momentáneamente el sentido y cuando lo recupero el paracaídas está sin desplegar y por encima de mi, tiro un poco del atelaje se pone a mi altura y despliego el paracaídas, me da un fuerte tirón por no haberlo ajustado bien con las prisas al despegar, Medina tiene menos estatura que yo y me hago daño en el brazo izquierdo.

Cuando voy descendiendo en paracaídas la pistola que tengo de tiempos pasados del9 corto la monto, pensando si me reciben a tiros contesto a tiros. Voy a caer encima de un olivo y tiro del paracaídas y voy a caer encima de un montón de piedras de lo que los campesinos amontonan en el campo; no me pasa nada importante, me desprendo del paracaídas y me alejo lo más rápidamente posible. Veo a un motorista que se acerca al paracaídas y mira por los alrededores y no me ve.

El cronómetro Omega que me había regalado Aviación me lo quito y lo envuelvo en el pañuelo, temía que si lo veían las tropas de Franco me lo quitasen y tal vez violentamente. Tengo ganas de hacer una necesidad “caca concretamente” y al pié de un árbol me pongo, sangraba por la entreceja me limpio con el pañuelo sin darme cuenta o acordarme de que allí estaba el cronómetro, allí debí perderlo.

Reconstrucción del BK-093, luciendo su matrícula.

Yo no vi a nadie, pero según me contó más adelante Fernando Medina en la cárcel de Porlier haciendo guardia había un soldado que le contó que me había visto haciendo mis necesidades el 16 de diciembre, sin duda este soldado fue el que se encontró el reloj, se lo guardó y no dijo nada en aquella ocasión por no haberme detenido.

Andando por el campo yo iba con la intención de llegar a la desembocadura del Ebro y allí se podía en una barca de remos pasar a zona republicana. Me encontré a unos campesinos que me llevaron a su casa, donde la mujer me curó la herida de la frente y me dieron unas sopas de ajo con huevo.

Hablando con ellos y contándoles mi proyecto me dijeron no era posible porque estaba muy vigilada esa zona, yo además apenas podía mover el brazo y que lo más aconsejable era que me presentase en el cuartel de la Guardia Civil de San Jorge, ya que allí no había moros y solo la Guardia Civil, ellos me acompañarían y así lo hicimos.

Llegamos al cuartel sobre la una del mediodía, había estado cinco horas libre en territorio franquista, allí el sargento Comandante de Puesto al ver que iba prácticamente descalzo en un comercio me proporcionó unas alpargatas, llamó al médico para que me mirase el brazo, dijo que no había rotura solo una simple distensión que se pasaría a los pocos días.

El sargento de la Guardia Civil me dijo que todas las fuerzas de que disponía habían salido a buscarme y que entes de llamar a sus Jefes en Vinaroz íbamos a comer. Subimos a su casa y allí su mujer él y yo comimos una estupendo cocido.

Me advirtió que si me preguntaban si había comido no dijese me había dado él de comer, que dijese no tenía ganas, aunque no creo se lo pregunten. Cuando estábamos comiendo me doy cuenta de que todavía tengo en el bolsillo mi pequeña Star del 9 corto montada, se lo digo al Sargento, que la verdad lamento no saber como se llamaba, y se la enseño, me dice: ¡Qué bonita pistola! ¿Tiene algún inconveniente en que me la quede yo y Vd. dice que no llevaba armas?.- Al contrario prefiero se la quede Vd. como recuerdo mío, por su amabilidad.

Sección de cola del BK-093.

Llama a Vinaroz y le envían un coche y sin esposarme subimos y nos dirigimos a Vinaroz. Allí había altos Jefes de la Guardia Civil, las palabras cariñosas son estos hijos de puta de los rojos, etc. etc. y empieza a interrogarme un agente que tenía en el uniforme las siglas S.I.M.P. o algo parecido.

Entra un oficial de Aviación y me ordena: No conteste a ninguna pregunta. El agente sigue preguntando, el oficial de Aviación quiere llevarme con él. Yo pienso con quién estaré peor. La Guardia Civil no accede a entregarme. Llaman por teléfono al General Kindelan y éste ordena me entreguen a los aviadores de la Legión Cóndor.”

16 de diciembre de 1938

Gracias a Rafael Ballester Medina.

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